La estrategia del PRM

Un partido en el ejercicio del poder está obligado a tomar todas las previsiones posibles para garantizar que esa condición se mantenga en el momento en que tenga que someterse al escrutinio del electorado.
En el otro lado de la moneda tenemos a los partidos de oposición, los cuales, a su vez, tienen que buscar todas las vías que les conduzcan a desplazar al gobernante.
En estas condiciones, no se puede juzgar a uno ni a los otros, pues la lucha por el poder no conoce límites dentro del juego democrático. Por ello, lo que acaba de hacer el Partido Revolucionario Moderno (PRM) con el consenso alcanzado para la elección de su dirigencia, nada tiene de malo, si bien existían reclamos para que este proceso fuera llevado a las bases partidarias.
Garantizar la unidad mediante acuerdos cabe dentro de la lógica elemental de preservación unitaria como paso previo a la lucha más importante y crucial que deberá enfrentar apenas dentro de un año, cuando escogerá su candidato presidencial para 2028.
Podríamos argumentar que el ejercicio llevado a cabo el domingo 9 de agosto resultaba sumamente sencillo, porque era suficiente con que los dos principales líderes de la formación—es decir, Luis Abinader e Hipólito Mejía—se pusieran de acuerdo para hilvanar una dirección colegiada representativa.
El trance del mes de octubre de 2027—fecha legal de las primarias o convenciones—es de mayor envergadura que la manejable escogencia de dirigentes, pues allí no cabrían los acuerdos, repartidera previa ni amarres generalizados.
Sin embargo, bajo la premisa de que el fin principal del partido oficialista es mantener el Gobierno, la experiencia del domingo pudiera surtir el efecto de un ensayo con miras a necesarios acuerdos para conservar esa crucial unidad que no admite disquisiciones.
¿Cómo resolverían los oficialistas un panorama divisorio que se les pudiera presentar en la lucha por la candidatura presidencial en octubre de 2027? No parecería tan simple.
Sin embargo, ante la eventualidad de que asomen vientos de problemas mayores, el liderazgo de nuevo presidente del PRM—que para la ocasión seguirá siendo el presidente de la República—jugará el papel estelar para armonizar los intereses, de modo que el proceso interno transcurra sin fracturas que no puedan ser corregidas.
En todo caso, un reparto interno por la unidad no sería pecaminoso.


