OPINIÓN

Gobernar en tiempo de crisis

Gobernar en la bonanza resulta una tarea relativamente fácil, aunque dirigir un país nunca está exento de problemas, conflictos y de decisiones que conllevan un elevado riesgo.

Donde los gobernantes están obligados a demostrar su capacidad es cuando una nación entra en un periodo de incertidumbre, sobre todo cuando esta obedece a factores externos incontrolables en el plano interno.

En los buenos tiempos los ingresos fiscales crecen, los impuestos entran con facilidad, el turismo florece, las remesas aumentan y la administración dispone de recursos para lanzar programas sociales, cortar cintas de inauguraciones y mantener altos niveles de aprobación popular.

Sin embargo, hasta estos periodos suelen ser engañosos. La historia reciente de América Latina está llena de ejemplos: gobiernos que recibieron ríos de dinero por altos precios de las materias primas, que en lugar de ahorrar e invertir en productividad, prefirieron expandir el Estado y comprar lealtad política. Cuando llegó la crisis, el castillo de naipes se derrumbó.

Cuando golpea la tormenta—ya sea por una pandemia, una crisis energética, inflación descontrolada, caída del turismo o shock externo—, el panorama cambia radicalmente. Ya no hay margen para errores.El gobernante debe tomar decisiones impopulares, priorizar entre necesidades urgentes, negociar con escasez y, sobre todo, mantener la confianza de la población mientras le pide sacrificios.

El panorama descrito no corresponde precisamente a la República Dominicana, pues en nuestro país nunca ha existido una abundancia de recursos, sino que, más bien, lo que se ingresa por el cobro de impuestos y aranceles no alcanza para solventar las necesidades cotidianas en una nación donde todo está por resolverse.

Es lamentable que, transcurridos más de sesenta años de democracia, no exista uno solo de los grandes problemas nacionales que haya sido resuelto.

En ese sentido, si bien renglones del sector externo como turismo, remesas y zonas francas han estado en auge, la realidad es que ellos por sí solos no pueden cubrir las necesidades que se demandan en otras áreas.

Dicho lo anterior, el presidente Luis Abinader está tratando de enfrentar la crisis derivada de los conflictos bélicos mediante la búsqueda de un consenso con los sectores esenciales del país, debido a que, si bien el responsable de afrontarla mediante la aplicación de medidas heroicas, al final los efectos negativos gravitan sobre todos los dominicanos. Muy sencillo.

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